Los psicólogos llevan mucho tiempo estudiando si la sensibilidad al asco ayuda a explicar las actitudes políticas. Una revisión de 24 estudios halló que las personas que dicen sentir asco con más facilidad tienden a tener opiniones más conservadoras sobre cuestiones sociales. Sin embargo, los investigadores advierten que las pruebas no indican qué ocurre primero y que la conexión parece relativamente pequeña.
El asco puede referirse a reacciones distintas. La Escala de Asco de Tres Dominios, desarrollada en 2009, distingue entre el asco a los patógenos, provocado por posibles fuentes de infección, como la comida en mal estado o los desechos corporales; el asco sexual, relacionado con ciertos comportamientos o situaciones sexuales; y el asco moral, una respuesta a conductas consideradas incorrectas, como la crueldad o la traición. Los investigadores siguen debatiendo si el asco moral es una sensación física o una forma de desaprobación moral.
Una explicación de la relación con el conservadurismo se basa en la evitación de enfermedades. Yoel Inbar, psicólogo de la Universidad de Columbia Británica, afirma que la sensibilidad ante posibles fuentes de infección puede estar relacionada con la cautela y la preferencia por las normas sociales tradicionales. Pero señala que las pruebas no son tan sólidas como le gustaría y que un nuevo estudio no encontró una asociación estadísticamente significativa entre el asco a los patógenos y las opiniones conservadoras.
El asco no es exclusivo de los conservadores, y los grupos políticos pueden encontrar repulsivas cosas distintas. Un estudio de 2020 halló que los conservadores declaraban sentir más asco ante ejemplos relacionados con el comportamiento sexual y el consumo de drogas, mientras que los liberales declaraban sentir más ante el maltrato animal y la contaminación ambiental. Cuando se les preguntó con qué frecuencia sentían asco en general, no se observó una diferencia clara entre los grupos.
Algunos estudios iniciales sugerían que los conservadores tenían reacciones físicas más intensas ante imágenes perturbadoras o repulsivas, medidas en parte mediante cambios en la sudoración. Investigaciones posteriores, incluido un estudio de 2020 dirigido por el psicólogo político Bert Bakker, de la Universidad de Ámsterdam, tuvieron dificultades para reproducir esos resultados. En cambio, las encuestas han encontrado, en general, una asociación entre las actitudes conservadoras y declarar que se siente asco con más facilidad.
Un estudio de 632 adultos estadounidenses realizado por Manos Tsakiris y Mariana von Mohr examinó si la conciencia de las señales del propio cuerpo podía ayudar a explicar los resultados. Esta capacidad, conocida como interocepción, consiste en percibir sensaciones como el hambre, la respiración o un aumento de los latidos del corazón. Los investigadores descubrieron que los participantes a quienes les incomodaba más el comportamiento sexual tendían a ser más conservadores, independientemente de la conciencia corporal que declaraban tener. La relación entre el asco moral y el conservadurismo solo apareció entre los participantes que declaraban ser menos conscientes de las señales de su cuerpo. La conciencia corporal no se asoció directamente con las opiniones políticas.
Inbar ha cuestionado si todos los tipos de asco son igual de útiles para estudiar la política. Él y Joshua Tybur, uno de los creadores de la Escala de Asco de Tres Dominios, prefieren centrarse en el asco a los patógenos en lugar del asco sexual, pues sostienen que las preguntas sobre el asco sexual pueden medir, en parte, las creencias conservadoras sobre la sexualidad. Inbar afirma que los hallazgos sobre la conciencia corporal y el asco deben reproducirse en estudios posteriores con hipótesis establecidas de antemano, y describe las conclusiones actuales como, a lo sumo, sugerentes.
La investigación no puede determinar si el asco influye en las creencias políticas o si las creencias existentes moldean aquello que las personas describen como repulsivo. Bakker señala que las convicciones políticas también pueden influir en cómo las personas describen su propia personalidad, mientras que Inbar advierte que esta relación es solo una de las muchas influencias en las opiniones políticas. Tsakiris sostiene que las personas deberían cuestionar sus reacciones emocionales ante contenidos provocadores y escuchar perspectivas distintas de las propias.
Fuentes: Folha Ciência.