Los científicos a menudo ven su trabajo como distinto de los procesos democráticos, sin embargo, los gobiernos de todo el mundo están limitando cada vez más la libertad académica e interfiriendo en las decisiones sobre financiación de investigación y personal. En respuesta a estos desafíos, los miembros del Grupo de Consejeros Científicos Principales de la Comisión Europea han delineado cómo la ciencia y la democracia están profundamente entrelazadas. Argumentan que en un mundo en rápida evolución, el acceso a información verificada y conocimiento independiente es crucial para que ciudadanos y gobiernos tomen decisiones informadas.
Los consejeros proponen tres pilares a través de los cuales la ciencia permite la resiliencia democrática. El primer pilar se centra en establecer líneas base fácticas compartidas. Las sociedades democráticas enfrentan preguntas complejas sin respuestas simples, lo que requiere que las instituciones científicas recopilen evidencia, evalúen impactos, cuantifiquen incertidumbres y actualicen conclusiones basándose en nuevos hallazgos. Este proceso se ve cada vez más complicado por la inteligencia artificial y las plataformas digitales, que, si bien ofrecen oportunidades de transparencia, también amplifican riesgos como la desinformación, la manipulación y la influencia desproporcionada de poderosas empresas tecnológicas.
La desinformación a menudo se propaga a través de redes sociales reforzadas por emociones e identidades grupales, explotando preocupaciones públicas legítimas sobre reestructuración económica, migración, riesgos climáticos e inestabilidad geopolítica. Para contrarrestar esto, los enfoques científicos deben ir más allá de la simple verificación de hechos. Las estrategias efectivas incluyen diseñar canales para la comunicación científica, garantizar fuentes de datos transparentes en plataformas digitales, mantener medios independientes e implementar salvaguardas contra la interferencia extranjera y el sesgo algorítmico.
El segundo pilar aborda la legitimidad de la experiencia y la confianza en las instituciones. La gobernanza democrática depende de organizaciones que sostengan la confianza pública y permitan una ciudadanía activa. Las instituciones guiadas por principios científicos están mejor equipadas para tomar decisiones transparentes y responsables, particularmente durante crisis como pandemias. Sin embargo, para que la ciencia fortalezca la democracia, los propios investigadores deben ser dignos de confianza. Actualmente, la legitimidad de la experiencia es cada vez más cuestionada, con el asesoramiento científico a menudo sometido a politización donde la evidencia clara se descarta como mera opinión o agenda política.
Esta politización puede llevar a un enfoque de 'dividir y gobernar' donde los funcionarios apoyan selectivamente ciertas ramas de la ciencia, influyendo en la financiación y creando conflictos de interés. Para mantener la legitimidad democrática, la información experta debe ser transparente, diversa, independiente y abierta al escrutinio. El acceso imparcial al conocimiento científico se asegura mejor a través de grupos interdisciplinarios de expertos en lugar de depender de voces individuales, que pueden ofrecer comprensiones parciales o puntos de vista disidentes que no reflejan el consenso mayoritario.
El tercer pilar implica proporcionar herramientas para adaptar políticas y organizaciones a circunstancias cambiantes. Asegurar que los científicos puedan brindar asesoramiento independiente requiere una financiación pública estable. Los recortes presupuestarios pueden aumentar la dependencia de financiadores privados o extranjeros cuyos intereses estratégicos podrían comprometer la independencia científica. El marco de asesoramiento científico de la Comisión Europea sirve como modelo, combinando revisiones de evidencia multidisciplinaria con recomendaciones políticas independientes de consejeros científicos principales apoyados por una secretaría permanente. Este mecanismo incluye reglas estrictas sobre transparencia y la divulgación de conflictos de interés.
En última instancia, la confianza en la ciencia depende del compromiso público. La alfabetización científica, la educación cívica y el acceso a información fiable son bienes públicos esenciales que deben ser apoyados por instituciones educativas. Al proteger la libertad académica y garantizar un asesoramiento científico independiente, las sociedades pueden navegar mejor las complejidades del mundo moderno y fortalecer la resiliencia democrática.
Fuentes: Nature.