El papa León XIV se ha convertido en un destacado opositor de la extrema derecha global, siguiendo una postura similar a la de su predecesor, Francisco. El artículo sostiene que esta posición refleja un cambio más amplio en el papel político de la Iglesia católica desde mediados del siglo XX, y no una ruptura abrupta con la tradición papal reciente.
Antes de ese giro, al papado y a buena parte de la jerarquía eclesiástica les costaba aceptar el auge de los movimientos republicanos y democráticos, que a menudo buscaban limitar la influencia política, económica y cultural de la Iglesia. Por ello, la identidad política católica se asociaba con frecuencia con el monarquismo y la oposición a separar la Iglesia del Estado, además de con la desconfianza hacia algunas libertades civiles.
A comienzos del siglo XX, los movimientos fascistas a veces formaron alianzas de conveniencia con el catolicismo, ofreciendo la promesa de restaurar lo que describían como orden y armonía. Sin embargo, la derrota del nazismo y el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, y el reconocimiento de las atrocidades cometidas por esos regímenes, llevaron a una parte importante de la Iglesia a rechazar la cooperación con esa tradición política.
El cambio cobró fuerza tras el largo pontificado de Pío XII, quien estuvo al frente de la Iglesia de 1939 a 1958, y en medio de la creciente preocupación por la amenaza de una guerra nuclear. Después del Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965, los dirigentes de la Iglesia recurrieron cada vez más a su tradición diplomática para respaldar el multilateralismo, las negociaciones de paz, los esfuerzos para combatir la desigualdad y los derechos humanos. La Iglesia ha seguido oponiéndose a posturas que muchos países consideran derechos reproductivos y sexuales, como el aborto y la anticoncepción.
El artículo también señala que el centro de gravedad de la Iglesia católica es cada vez más global y se desplaza de Europa hacia América Latina y, cada vez más, África y Asia. Afirma que defender a los migrantes procedentes de esas regiones es tanto una cuestión de justicia para la jerarquía como una forma de estar al lado de una parte estratégicamente importante de los fieles.
Según el artículo, esta historia ayuda a explicar por qué Francisco y León XIV se opondrían a la política ultranacionalista, militarista y antiinmigración asociada con el trumpismo y con movimientos como el bolsonarismo brasileño. La Iglesia no es unánime: una minoría significativa del clero, incluidas algunas figuras de alto rango, puede simpatizar con la extrema derecha. Pero el artículo sostiene que tendría que producirse un cambio importante para que esas figuras tomaran el control de la institución.
Fuentes: Folha Ciência.