Si bien el envejecimiento suele traer un declive gradual en las habilidades físicas, mantener un estilo de vida activo sirve como una herramienta poderosa para ralentizar estos efectos. La corredora de ultrafondos Stéphanie Gicquel es un testimonio de esta realidad, afirmando que las personas pueden alcanzar su máxima forma física mucho después de los 40 años. A sus 44 años, Gicquel informa sentirse físicamente mejor ahora de lo que lo hacía a los 20, una afirmación respaldada por sus recientes logros competitivos.

A finales de septiembre y principios de octubre, la atleta completó dos carreras separadas de 100 kilómetros en menos de una semana. Estos eventos tuvieron lugar en Millau, Aveyron, y en la región de Somme, con Gicquel terminando ambas por debajo de la marca de ocho horas. Este nivel de rendimiento destaca cómo el entrenamiento adaptado puede permitir a los atletas alcanzar nuevas alturas más tarde en la vida.

El camino de Gicquel hacia esta condición óptima no fue lineal. Aunque se mantuvo activa durante su infancia y adolescencia, pasando horas patinando sobre ruedas y practicando gimnasia, abandonó en gran medida la actividad física durante sus años universitarios y las primeras etapas de su carrera como abogada corporativa. Durante este período, priorizó el trabajo intelectual sobre la salud, trabajando a menudo hasta las 2 o las 3 de la mañana y descuidando su dieta.

Las consecuencias de este estilo de vida sedentario finalmente se manifestaron física y mentalmente. Gicquel experimentó dificultades crecientes con la concentración y cambios de humor fluctuantes. Solo después de que comenzó a viajar y emprender expediciones en entornos extremos, incluidos viajes a los polos, reconoció la necesidad de adoptar un estilo de vida más saludable para sostener su bienestar.

Fuentes: Le Monde Sciences.