La memoria generalmente comienza a deteriorarse lentamente después de que el cerebro alcanza su máxima capacidad antes de los 30 años. Aunque los investigadores comprenden muchos de los mecanismos implicados en la creación y el mantenimiento de los recuerdos, las causas moleculares de la pérdida normal de memoria relacionada con la edad siguen sin estar claras.

Un estudio publicado en Cell ofrece una posible explicación. Los investigadores examinaron el cerebro de 10 millones de moscas de la fruta en ocho etapas de la vida, desde el primer día después de la eclosión hasta los 35 días de edad, una etapa comparable a la vejez en estos insectos. El proyecto, de seis años de duración, se describe como una de las investigaciones más grandes de su tipo.

El trabajo se centra en Funes, una proteína llamada así por Funes el Memorioso, el personaje creado por el escritor argentino Jorge Luis Borges. Funes pertenece a la familia de las chaperonas, cuyos miembros ayudan a las proteínas a plegarse en las formas tridimensionales que necesitan para funcionar correctamente.

Los investigadores descubrieron que aumentar la producción de Funes en moscas de más edad hacía que las proteínas amiloides implicadas en la memoria adoptaran estados más juveniles. Las moscas también mostraron una memoria mejorada. En cambio, aumentar la producción de otra chaperona, CG6693, tuvo el efecto contrario: las moscas jóvenes acumularon amiloides mal plegados y obtuvieron peores resultados en las pruebas de memoria.

Los amiloides suelen asociarse con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y el párkinson. Sin embargo, el estudio se suma a las pruebas de que algunos amiloides son solubles y beneficiosos, y ayudan a formar y conservar recuerdos a largo plazo en lugar de crear placas dañinas. Un ejemplo es Orb2, cuya estructura atómica había sido descrita previamente por la misma línea de investigación.

Los hallazgos sugieren que la pérdida de memoria puede implicar una transición gradual de las proteínas amiloides, desde formas funcionales e inocuas hasta otras más rígidas y dañinas. Rubén Hervás, bioquímico español de la Universidad de Hong Kong que dirigió el estudio, afirmó que el proceso podría explicar parte del deterioro normal de la memoria que se produce con el envejecimiento.

Los investigadores también señalan una posible conexión con los seres humanos. Orb2 tiene equivalentes humanos, entre ellos CPEB3. Hervás afirmó que, si se producen cambios estructurales similares en la CPEB3 humana y ciertas chaperonas pueden revertirlos, futuros fármacos podrían preservar o restaurar las formas de la proteína asociadas con una producción más eficiente de proteínas sinápticas y una mejor memoria.

Un proyecto financiado por el Gobierno de Hong Kong con un millón de euros investigará si el mecanismo observado en las moscas de la fruta también se produce en los seres humanos. José Javier Lucas, investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa que no participó en el estudio, afirmó que el trabajo podría ayudar a explicar la base molecular de la pérdida de memoria que afecta a las personas a medida que envejecen.

Lucas también destacó las implicaciones más amplias de la investigación. Los amiloides podrían regular funciones fisiológicas en todo el organismo, no solo en el cerebro, lo que plantea la posibilidad de que los cambios en su funcionalidad contribuyan a otros problemas relacionados con la edad. Aún está por establecerse si el mismo proceso ocurre en los seres humanos.

Fuentes: El País Ciencia.