Finlandia ha concedido una licencia de explotación para Onkalo, su repositorio subterráneo profundo de combustible nuclear gastado. Las obras de la instalación de Olkiluoto, en el suroeste del país, comenzaron en 2004. Según la fuente, se espera que las primeras entregas se realicen en los próximos meses.

Onkalo está diseñado para contener residuos nucleares durante periodos mucho más largos que la historia humana registrada. Algunos repositorios quizá deban permanecer intactos durante al menos 100.000 años y, potencialmente, hasta un millón de años. El desafío es especialmente importante en el caso del combustible gastado y los materiales de blindaje de los reactores: el yodo-129, por ejemplo, tiene una semivida de casi 16 millones de años.

El diseño del repositorio combina la geología natural con varias barreras artificiales. Los túneles atraviesan zonas de gneis denso y de baja permeabilidad, cuidadosamente cartografiadas, y evitan las rocas fracturadas. El combustible gastado se coloca en un inserto de hierro fundido dentro de un contenedor de cobre cuyas paredes tienen cinco centímetros de grosor. El contenedor se baja a una perforación y se rodea de arcilla bentonítica compactada, que se expande al mojarse y ayuda a bloquear el agua y amortiguar los movimientos de la roca.

Cuando la instalación esté llena, los túneles se rellenarán con bentonita y se sellarán. Hace unos 20.000 años, el emplazamiento estaba bajo una gruesa capa de hielo y podría volver a quedar cubierto por un glaciar. El terreno también puede desplazarse cuando el hielo retrocede, lo que podría generar fracturas, aunque la fuente afirma que estos riesgos se han reevaluado sustancialmente.

Otros países están siguiendo distintos enfoques. Suecia ha comenzado las obras en Forsmark con un sistema similar de cobre, bentonita y roca, y prevé iniciar las operaciones en la década de 2030. Canadá tiene propuestas comparables, mientras que el Reino Unido todavía está considerando dos posibles emplazamientos en formaciones de arcilla del noroeste de Inglaterra, cerca de Sellafield.

El proyecto Cigéo de Francia, previsto para la década de 2050, se está diseñando de modo que los residuos puedan recuperarse y llevarse a la superficie si fuera necesario. Esto refleja una visión distinta del almacenamiento a largo plazo: alrededor del 97 % del combustible gastado es reciclable y las tecnologías futuras podrían ofrecer más opciones.

La historia de la mina Asse II de Alemania ilustra los riesgos del almacenamiento subterráneo. A partir de 1967 se depositaron allí más de 125.000 bidones de residuos de baja y media actividad. Se eligió la sal porque se consideraba impermeable y capaz de cerrar las grietas, pero en 1988 se descubrió que el agua salada estaba entrando en la mina. Alemania se enfrenta ahora a la tarea de recuperar unos 47.000 metros cúbicos de residuos.

Otro desafío es conservar el conocimiento sobre los repositorios para las generaciones futuras. Entre las propuestas figuran marcadores físicos de advertencia, registros duraderos y la transmisión de información mediante la educación. En cambio, el enfoque de Finlandia en Onkalo consistió en elegir un lugar con pocos recursos que pudieran atraer futuras excavaciones, con el objetivo de sellar el repositorio y dejarlo sin alteraciones.

Fuentes: Focus.it.