La idea de que la naturaleza florece mejor sin personas no siempre concuerda con la forma en que se han desarrollado los ecosistemas. Durante generaciones, las comunidades indígenas y los agricultores tradicionales han moldeado los paisajes de maneras que crearon hábitats para plantas, insectos, aves y anfibios. Entre los ejemplos se encuentran los ecosistemas de Australia gestionados mediante el fuego y las sabanas de robles de Norteamérica.

La escala de la transformación del suelo ha aumentado drásticamente desde la industrialización, y el uso intensivo de la tierra es hoy uno de los principales factores de la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, no se pretendía que las áreas protegidas estuvieran totalmente libres de actividad humana. Las pruebas indican que algunos paisajes pierden hábitats valiosos cuando las personas dejan de gestionarlos.

En Japón, la despoblación rural ha provocado el abandono de pueblos y el declive del cultivo tradicional de arroz y del cuidado de los bosques. Ese cambio está reduciendo los hábitats de las especies que dependen de los arrozales inundados, los márgenes de los campos y los bosques con dosel abierto.

Mantener la biodiversidad puede exigir un trabajo específico y cuidadosamente gestionado: controlar los niveles de agua, disponer de animales de pastoreo, gestionar los bosques y realizar quemas prescritas para reducir el riesgo de incendios forestales graves. Otras prácticas incluyen la recolección tradicional de alimentos silvestres y la plantación, la construcción de jardines costeros para almejas y el aclareo de árboles y arbustos para favorecer el nuevo crecimiento. Estas iniciativas deberían combinar la ciencia moderna de la conservación con conocimientos ecológicos transmitidos durante mucho tiempo.

Estos enfoques pueden requerir más mano de obra y ser más costosos que la agricultura industrial. El artículo sostiene que los gobiernos deberían proporcionar financiación directa y sustancial para apoyarlos, aprovechando las subvenciones existentes y los programas de biodiversidad agrícola. También señala como posible modelo, con normas actualizadas y trabajo basado en pruebas, al Cuerpo Civil de Conservación de Estados Unidos, que empleó a tres millones de jóvenes entre 1933 y 1942 en proyectos como la plantación de árboles, la construcción de senderos y la gestión de los recursos naturales.

La inversión pública en el cuidado de la tierra podría beneficiar tanto a los ecosistemas como a los trabajadores, especialmente mientras los gobiernos consideran los efectos de los cambios tecnológicos en el empleo. La idea central es que proteger la naturaleza no siempre significa apartar a las personas; en algunos lugares, el cuidado humano responsable contribuye a preservar la biodiversidad.

Fuentes: Nature.